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ERNESTO SÁBATO ANTES DEL FIN Y LA RESISTENCIA

 

Victor Rey (*)

 

"No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí". (La Resistencia, Ernesto Sábato, pág. 17.)

 

¿Quién es Ernesto Sábato? Me pregunt6 un joven hace algunos días y la respuesta brotó instantánea:  ¡El que escribió EL TÚNEL!  Efectivamente Sábato es el escritor de la famosa novela EL TÚNEL. Una novela que casi todos hemos leído en nuestra época de secundarios. Un libro excepcional escrito con una intensidad tal que da la impresión de ser un cuento. Pero Sábato no solo es el autor de la trilogía:  EL TÚNEL, SOBRE HÉROES Y TUMBAS, o ABADDON EL EXTERMINADOR Es el ensayista que leemos en nuestra época de universitario, que revela su relación con la ciencia y la filosofía en UNO y EL UNIVERSO. El que plantea la  lucha con la idea del progreso y la deshumanización del hombre en HOMBRES Y ENGRANAJES y más tarde en HETERODOXIA. Y es el que cuenta del oficio de escribir en EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS. Y es también el pintor.

 

Pero el escritor Sábato también es un ejemplo de autoridad moral. Nació en Rojas,  provincia de Buenos Aires, en 1911. A los 89 años, Sábato no es sólo un hombre cuyas obras recorren el mundo en millones de ejemplares traducidos a 28 idiomas sino uno de los personajes más buscados cuando es necesaria una opinión "calificada" sobre algún asunto crítico.

 

Sábato que presidió la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) 

 

durante el gobierno militar en la Argentina (1976-1983)y produjo el famoso informe NUNCA MAS, puede poner en tela de juicio al presidente del país, a las iglesias, a las Fuerzas Armadas, la ciencia, las corporaciones empresariales, pero siempre encuentra el apoyo de la opinión pública.

 

Reflejo de su autoridad es su vida austera y el auditorio masivo que convoca cada vez que repite por televisión sus viejas ideas sobre el corazón del hombre y la ausencia del  progreso.

 

A lo largo de su vida, Ernesto Sábato fue militante del marxismo y representó a la Federación Juvenil Argentina en un congreso del partido comunista, en Bruselas; estudio filosofía en la Universidad de La Plata y como físico estudió radiación nuclear en el Laboratorio Curie de París, y en la década de los años 40 abandonó la ciencia "por temor a su futura utilización". En el prólogo de "UNO Y EL UNIVERSO" escrito desde su residencia en Santos Lugares en 1945, decía al respecto: "La ciencia ha sido un compañero de viaje, durante un trecho, pero ha quedado atrás.  Todavía, cuando nostálgicamente vuelvo la cabeza puedo ver algunas de las torres que divisé en mi adolescencia y me atrajeron con su belleza ajena de los vicios carnales. Pronto desaparecerán de mi horizonte y sólo quedará el recuerdo. Muchas pensaran que esta es una traición a la amistad, cuando es fidelidad a mi condición humana". En la actividad literaria se convirtió en una de las máximas figures de la literatura hispanoamericana, en 1984 ganó el premio Cervantes, en 1989 el premio Jerusalén y en 1997 el premio Menéndez Pelayo.

 

Sábato dice que abandonó el marxismo porque dejó de creer "En cualquier idea que repugne a los problemas sobrenaturales", y decidió afiliarse a la causa del hombre real, de la justicia social y de la dignidad humana. Hoy se declara "un anarquista cristiano", y agrega: "Yo empecé a luchar por la justicia social a los 16 años en el colegio y nunca he dejado de hacerlo. Creo que es un deber. No me gusta que los chiquititos se mueran de hambre. Eso me ha llevado muchas veces a cuestionar incluso la existencia de Dios, a pesar de que me considero un espiritu religioso, aunque anárquico.  Como también lo era Cristo.  Cristo insultaba a los fariseos y andaba con los pobres, con prostitutas...Ese es el verdadero Cristo.  Lo demás son cuentos". También hace un ejercicio de autodefinición: "¡Yo soy un anarquista! Un anarquista en el sentido mejor de la palabra.   La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo León Tolstoi". (Entrevista en el diario El Tiempo, Bogotá, 22 de junio de 1997)

 

En su penúltimo libro: ANTES DEL FIN, Memorias, (Seix Barral, 1999, 214 páginas), se destaca el hombre triste, melancólico que piensa en Matilde, su esposa fallecida y solloza.  Que se ve a si mismo inclinado hacia la tierra encorvado, cansado.  Es el hombre que tiene pequeños momentos de dicha cuando su gatita se recuesta en sus rodillas o cuando despierta con el trinar de los pájaros al amanecer.

 

De sus épocas de adolescente recuerda su vinculación con grupos anarquistas y comunistas.

Recuerda manifestaciones de obreros y estudiantes cobijados por banderas rojinegras. Recuerda que la revolución Rusa tenía aún el resplandor romántico y que los compañeros comunistas terminaron por convencerle (aunque luego haya manifestado que no compartió los criterios de los "comunistas de salón" y que "el anarquismo fue más fuerte en su interior")...Recuerda que huyó de casa y que era, a los 19 años, una especie de delincuente que luchaba en la clandestinidad contra la dictadura del general Uriburu. Esa militancia le llevó a participar en diversos congresos comunistas dentro y fuera de Argentina.

 

Más tarde cuando terminó su doctorado en Ciencias Fisico-matemáticas, el profesor Houssay, premio Nobel de Medicina, le concedió una beca que anualmente otorgaba la Asociación para el Progreso de las Ciencias, y se fue a trabajar al Laboratorio Curie, en París: "durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas.  En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos".

 

Un cuartucho en París, Matilde y su pequeño hijo, la ciencia y el trabajo con la propia Irene

Curie..."Muchos, con perplejidad, me han preguntado cómo es posible que habiendo hecho

el doctorado en ciencias físico - matemáticas, me haya ocupado luego de cosas tan dispares como las novelas con ficciones demenciales como el Informe sobre Ciegos, y finalmente, esos cuadros terribles que me surgen del inconsciente". Sábato no sabe contestar a esa pregunta. Trabajar en el Laboratorio Curie era una de las grandes metas a la que podía aspirar un físico.  Y después de llegar a una meta, solo queda el vacío. Abandonó la ciencia a principios de la década de los cuarenta. El mundo de los teoremas quedó ahí, trunco, en plena crisis espiritual.

 

Entonces tomó otro camino: el del arte. Empezó a escribir en la revista Sur, en Teseo, a leer a Huxley, Faulkner, Michaux, a los clásicos, a Camus (con quien hizo amistad), Green, Thomas Mann.  Brevemente habla de sus libros, de su oficio como escritor, de sus pinturas.

 

En la segunda parte del libro, Ernesto Sábato deja a un lado los recuerdos para escribir sus

anotaciones: la reciente película que vio, el recorte de una noticia curiosa de un diario, las

cifras de la pobreza en el mundo, la mujer sin patria, la preocupación de la guerra de Bosnia, el drama de los Sin Tierra en el Brasil, la crisis en todas partes, sus conversaciones con Cioran sobre estos temas trascendentales..."el mundo marchando hacia la desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta humanidad".

 

La muerte de su hijo lo derrumbó. Sábato se define, al final del libro, como un tipo embriagado de dolor y entre ruinas.  Un tipo que, en la soledad de su estudio escucha el quinteto de Schumann para cuerdas y piano en un atardecer de 1998. Tanta nostalgia le hace caminar un rato, hasta el Parque Lezama de Buenos Aires. Se sienta en un banco de la plaza. Se dice un náufrago. Se confiesa propenso al pesimismo y a la depresión. De repente, el abrazo de un niño lustrabotas es como un pacto de derrotados, pero que llama a la esperanza.

 

En su último libro: LA RESISTENCIA (Seix Barral, 2000, 148 páginas) Sábato plantea que en este tiempo de globalización hay necesidad de establecer las bases de alguna resistencia que permita el equilibrio en el nuevo orden que se viene encima.  De lo contrario el hombre sucumbirá ante cada avance, y seguramente moriremos en red, solitarios frente a una maquina que se esmera en reproducir la vida en la pantalla. Ernesto Sábato lo sabe muy bien y lo dice con la humildad y claridad que sólo los años otorgan a los hombres. En LA RESISTENCIA, Sábato se esmera en hacer una radiografía sentida de los tiempos actuales, con nostalgia de cuando una conversación en un café valía más que un televisor encendido para acaparar la atención y evitar, en última instancia, que las miradas se crucen y se reconozcan lo que de seres humanos nos queda.

 

LA RESISTENCIA es una carta escrita sin vanidad alguna. Y aunque suene a discurso en boca de un predicador barato no hay que olvidar toda la producción anterior de este escritor.  Así que estamos hablando de alguien que conoce abismos humanos y sabe describirlos. Estamos hablando de alguien se ha dado el lujo de entrar en depresiones profundas para salir airoso con toda la fuerza de la vida a trapada en la mirada. "El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria", dice Sábato en LA RESISTENCIA. Nada tiene que hacer el desarrollo salvaje frente a este caso de fe. Sábato se refiere a muchos frentes de la vida humana en los momentos actuales pero siempre su mensaje se dirige a no perder de vista lo esencial: "Quienes se quedan con los sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados. No debemos ser asesores de la corrupción. No se puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuído a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de los niños.

 

Del Internet, del tiempo libre, de relaciones humanas, de los afanes que mueven el mundo; temas que salen a la luz en LA RESISTENCIA con suavidad de quien habla desde el amor a sus semejantes y no desde la vanidad de un nombre de letras de molde. Sábato está lejos de envanecerse por mirar su nombre en las librerías o en los diarios nacionales. De hecho se despoja de todos sus atributos literarios para que sus "cartas", como él mismo se refiere a este libro, no empantane entre figuras retóricas o giros inteligentísimos. La RESISTENCIA está escrita para todo el mundo y en lenguaje sencillo y elemental.  Para advertirnos como en los siglos XVIII y XIX la dignidad de la especie estuvo cifrada en los adelantos tecnológicos, pero en este siglo que ahora muere, la tecnología se encargó de quitarnos la inocencia. Pese a todo Sábato señala que: "no podemos hablar del hombre como si fuera un ángel, y no debemos hacerlo. Pero tampoco como si fuera una bestia, porque el hombre es capaz de las peores atrocidades, pero también capaz de los más grandes y puros heroismos".

 

Para quienes no leyeron nunca a Sábato.   ANTES DEL FIN y LA RESISTENCIA es una forma de acercarse a un hombre y una obra quijotesca, a un espíritu combativo. Para aquellos que leímos EL TÚNEL con ansiedad, que seguimos en medio de dolorosas reflexiones los párrafos de los ensayos como  UNO  y  EL  UNIVERSO,  HOMBRES  Y  ENGRANAJES, HETERODOXIA o EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS, que nos sumergimos en el complejo y terrible mundo de SOBRE HÉROES Y TUMBAS, que quedamos  asombrados  con  su  novela  profética ABADDON  EL EXTERMINADOR, donde se vaticinaba el subyugamiento de las fuerzas del Mal y el derrumbe de la civilización contemporánea.  Que disfrutamos maravillados de su libro de conversaciones con Carlos Catania: ENTRE LA LETRA Y LA SANGRE o el libro de DIÁLOGOS con Borges. ANTES DEL FIN y LA RESISTENCIA son dos libros obligatorios y necesarios para el hombre y la mujer de hoy.

 

Quito, noviembre de 2000.

 

 

(*) Victor Rey, Profesor de Filosofía y Pastor Bautista. Victor conocíó al Señor en el GBU de Concepción y más tarde fue asesor de campo del GBU. Actualmente es el Coordinador para América Latina del Programa “Unidad, Misión y Evangelización” de CLAI. Él, junto a su familia residen en Quito, Ecuador.